Revista h

Edición N°84

Uruguay ha vuelto al imaginario mental de los peruanos. Ya no por Pepe Mujica, los dientes de Luis Suárez o los paradores de Punta del Este. Esta vez, por ser el país elegido por Alan García para escapar de un proceso judicial que llevaba en Lima. Pero hubo un tiempo en que otro personaje escogió Montevideo como refugio. Evan Henshaw-Plath había creado el prototipo de Twitter en 2006, cuando tenía treinta años, y vendió sus acciones por siete mil dólares para mudarse, al año siguiente, a la capital charrúa y vivir con su esposa. En medio de tanta literatura sobre la innovación y diversas doctrinas acerca del emprendimiento (esas que dicen que una de cada diez ideas creativas es exitosa realmente), su historia funciona como una contramoraleja. No buscaba los millones (o no los sospechaba) ni las invitaciones a conferencias alrededor del mundo pontificando sobre la ágil generación startup. ¿Qué motivó aquella decisión que hoy, a la distancia, parece un error? “La lección es que nunca se sabe qué va a pasar”, diría tiempo después. Desarrolló una empresa de software en Uruguay y trabajó para Yahoo, pero los demás siempre le recordarán esa elección. Ahora que también Thomas Friedman, ese gurú de los beneficios de la globalización e invitado a la CADE de este año, habla de bajar las revoluciones, quizá convenga bajar un cambio. Hoy, el usuario de Henshaw-Plath en Twitter es Rabble. Significa “canalla” en español.


Manolo Bonilla
Editor


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