Revista h

Edición N°64

El 2016 se fue entre generalizados abucheos del respetable. Empezó con la muerte de David Bowie, siguió con Juan Gabriel y acabó con George Michael y Carrie Fisher. En el camino, se llevó a otros personajes icónicos como Umberto Eco, Fidel Castro o Muhammad Ali; en apretada síntesis, podría decirse que puso fin a lo que quedaba del siglo XX. Puede agregar en esta lista a cualquier entrañable fallecido. Es interesante constatar cómo cada una de esas muertes también nos mata un poco. Al margen de si nos gustaba o no cada uno de esos personajes, era gente que siempre había estado ahí; parte del mobiliario de nuestras vidas. Que no estén más nos anuncia que el mundo sigue avanzando, pero no a nuestro ritmo. Que en algún momento, si seguimos con vida, sentiremos que este planeta nos resulta ajeno. ¿Seguirá siendo así en el futuro? Algunos suponen que sí, porque cada vez hay más gente conocida en el mundo. Pero también cabe anotar que la celebridad ahora es efímera. ¿Recordaremos con cariño perdurable a esos personajes a los que hoy las redes les conceden quince minutos de fama? ¿Entre tantos famosos prefabricados, cuántos alcanzarán la trascendencia? Difícil que surja otro Bowie u otro Ali. Pero no lo descartemos. Que el 2017 nos dé una sorpresa.



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