Revista h

Edición N°76

Uno de los peores problemas que enfrenta el Perú es la creciente distancia entre los despachos de los funcionarios del gobierno y la realidad en la que vive mucha gente. Una distancia tan grande a estas alturas que, para millones de peruanos, el Estado no existe o solo existe para fastidiar o interferir. ¿Qué opinión pueden tener los ciudadanos de un Estado así? La tan cacareada “reconstrucción con cambios” es un claro ejemplo. Un equipo de esta revista recorrió la costa norte del país y constató que miles de peruanos siguen viviendo en campamentos donde el sol pega durísimo y por la noche ni siquiera hay un poste de alumbrado público. Es fácil, para el funcionario que despacha en una oficina con aire acondicionado, pedirle paciencia a esa gente. Es posible dar razones: los procedimientos, la corrupción, “los tiempos del Estado”. Se afirma que esta vez se quiere hacer las cosas bien. Bueno, uno pensaría que hacer bien las cosas luego de un desastre pasa –primero que nada– por darle una vivienda decente a quienes perdieron todo. No ocurre así en el Perú, país donde es infinitamente más importante reconstruir un puente que restablecer la dignidad de las personas. Y los tiempos del Estado son, en realidad, los tiempos de la gente que trabaja en él. Gente que, claramente, carece de empatía. Que no se pregunten luego por qué se piensa de ellos lo que piensa.


Jaime Cordero
Editor


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